La salud y el medio que nos
rodea están íntimamente relacionados. El aire que respiramos, el agua
que bebemos, el entorno de trabajo o el interior de los edificios tienen
una gran implicación en nuestro bienestar y nuestra salud. Por ese
motivo, la calidad y la salubridad de nuestro entorno son vitales para una
buena salud.
En los últimos años,
asistimos a un aumento de la inquietud de los ciudadanos ante las posibles
implicaciones sanitarias derivadas de problemas o catástrofes
medioambientales. Recordemos por ejemplo, el accidente de las minas de
Alnazcollar, el naufragio del petrolero "Prestige" frente a las
costas de Galicia en noviembre de 2003, y a otros niveles, la preocupación
por los materiales potencialmente tóxicos en contacto con el agua o los
alimentos, la emisión de antenas y dispositivos de telefonía móvil,
etc.
Según afirma la Organización
Mundial de la Salud (OMS) en su definición de medio ambiente y salud,
dentro del concepto, se incluyen tanto los efectos patológicos directos
de las sustancias químicas, la radiación y algunos agentes biológicos,
así como los efectos (con frecuencia indirectos) en la salud y el
bienestar derivados del medio físico, psicológico, social y estático en
general; incluida la vivienda, el desarrollo urbano, el uso del terreno y
el transporte.
Como puede observarse, esta
es una definición muy amplia, pero incluye los principales ámbitos de la
Sanidad Ambiental.