Puede decirse que nuestros
bienes más preciados son la salud, el medio ambiente, y los niños.
Proporcionarles un ambiente saludable es una de las prioridades de todos
los que trabajan en el ámbito de la salud.
La estadística de bajas
infantiles causadas por la insalubridad de su entorno es pavorosa en gran
parte del mundo. Esto se debe a la gran vulnerabilidad ante los factores
de riesgo, principalmente debido a la inmadurez de sus sistemas inmunológico,
reproductor, digestivo y nervioso. En proporción con un adulto, un niño
consume más alimentos, aire y agua. Además, se encuentra más expuesto a
los contaminantes y a los agente infecciosos por sus forma de jugar
(generalmente por los suelos, y sin importarle tocar o llevarse a la boca
materiales potencialmente tóxicos, o incluso infecciosos) y también por
no haber aprendido aún varios hábitos higiénicos fundamentales como el
lavarse las manos.
Los aspectos que necesitan
más atención de modo prioritario son: