05/09/2010

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RELIGIÓN

   

Están un inglés, un alemán y un español en una cafetería tomando unas cañas juntos. De repente el inglés les dice a los otros:
-Oye, ese de ahí enfrente es igualito que Jesucristo.
-Bah -dicen los otros-, que va.
-Que sí, que sí. Pero si es igualito. La barba, la túnica...Ese de ahí es Jesucristo. ¡¡Seguro!!
-Que no hombre, que no-insisten los otros dos.
En esto que el inglés se levanta y va hacia el hombre de la mesa de enfrente y le pregunta:
-Oye, tú eres Jesucristo, ¿verdad?
Y dice el hombre cabizbajo:
-¿Yo? Yo qué voy a ser Jesucristo. Pues claro que no.
Y el inglés insiste: 
-Que sí tío, que tú eres Jesucristo.
Y el otro:
-¡Que no lo soy, pero habla más bajo hombre!
-Que sí, que yo sé que tú eres Jesucristo.
Y tanto le insiste que el hombre le susurra al inglés:
-Mira, efectivamente soy Jesucristo, pero por favor habla bajito y no se lo digas a nadie porque se va a formar un escándalo impresionante en la cafetería como los demás se enteren.
Y el inglés, loco de alegría, le dice:
-Tengo una lesión en la rodilla que me produje de pequeño haciendo deporte. Por favor, cúrame.
Y Jesucristo le dice:
-No, mira, milagros no. Que luego vas y se lo cuentas a tus amigos y me tiro toda la tarde haciendo milagros.
-Por favor, por favor. Cúrame. Por favor.
Y Jesús:
-Que no.
Y el inglés le insiste tanto que finalmente Jesucristo le pone la mano sobre la rodilla y le cura. Y dice el inglés:
-¡Muchas gracias! Te estaré siempre agradecido. Gracias de verdad.
Y Jesús le dice:
-Bueno, vale, vale. No grites y vete. Pero eso si, no se lo cuentes a nadie.
Y el inglés se va a su mesa y, claro, se lo cuenta todo al alemán y al español. Y el alemán se levanta corriendo y va hasta la mesa de Jesucristo y le dice:
-Oye que me ha dicho mi amigo que tú eres Jesucristo.
Y dice Él:
-No grites y vete, que yo no soy Jesucristo.
Y le insiste tanto que al final lo reconoce y le dice:
-Mira, pues sí, soy Jesucristo. Pero cállate y no grites porque la gente de la cafetería ya se está empezando a mosquear y me voy a tener que marchar de aquí.
Y el alemán le dice:
-Tengo un ojo de cristal. Por favor, cúrame.
Y Jesucristo, ya un poco enfadado, le dice:
-Mira, más milagros no porque tu compañero te lo ha contado a ti y tú se lo vas a contar a todo el mundo.
Y dice el alemán:
-Que no, de verdad, que no se lo contaré a nadie.
Y le insiste tanto que finalmente Jesucristo le pone la mano en el ojo y se lo cura. El alemán se va a su mesa y se lo cuenta a sus amigos. Entonces Jesucristo empieza a pensar que en breves instantes aparecerá por allí el español queriendo, como todos, que le cure esta o aquella cosa. Pero el tiempo pasa y el español no viene, y no viene, y no viene... Y entonces Jesucristo, ya mosqueado, y por qué no decirlo un poco picado por la curiosidad, se levanta y se va hacia la mesa donde están los tres y poniéndole la mano en el hombro al español le pregunta:
-Oye tú, ¿por qué no...?
Y entonces el español salta de la silla y, apartándose violentamente, le dice:
-¡Eeeeh tú! ¡¡¡Sin tocar que estoy de baja!!!

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